Los ojos contienen un líquido transparente llamado "humor acuoso" que es
constantemente producido por el organismo y su función principal es la de mantener la vitalidad de las estructuras internas.
Cuando el paciente tiene alguna deficiencia en los mecanismos naturales de drenaje, este líquido se acumula y produce un aumento de la presión intraocular, lo que puede dañar al nervio óptico y llevar a la pérdida progresiva e irreversible de la visión. Como el glaucoma es una enfermedad sin síntomas y por ahora se desconoce la cura, debe ser diagnosticada precozmente y tratada con el uso contínuo de colirios para controlar la presión intraocular y en algunos casos, con intervención quirúrgica. Por lo tanto, reducir la presión intraocular es la clave para preservar la visión.